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Cristianismo | Aborto

Suponer que la Biblia no dice nada sobre el aborto es un error. El niño nace por la voluntad de Dios, no de la madre:

“En ti me apoyé desde mis primeros pasos, tú me atrajiste desde el seno de mi madre, y para ti va siempre mi alabanza.” (Salmo 71,6)

Para los pro-abortistas un feto no es nada hasta que no nace, por lo tanto, pueden matarlo hasta un segundo antes de que nazca o hasta que su cuerpecito no haya salido por completo del vientre materno. Por eso se habla de clonación o de pruebas con embriones como si se estuviera hablando de objetos inanimados. Esas mismas personas alegan que las menores de edad pueden abortar sin contarle a los padres; así es, niñas que no pueden votar, según los pro-abortistas deben tener el derecho de abortar a espaldas de los padres.

El Salmo 139 advierte que Dios nos conoce en todo momento, incluso desde el vientre de la madre. Es particularmente relevante el verso 16:

“Tus ojos veían todos mis días, todos ya estaban escritos en tu libro y contados antes que existiera uno de ellos.”

Así lo traduce la Biblia Latinoamericana. El sentido es correcto, aunque la verdad es que en el original hebreo lo que ven los ojos de Dios es “golem”, es decir, el ser humano en formación física, de ahí que algunas traducciones escriban feto o embrión, como en la Biblia de Jerusalén: “Mi embrión veían tus ojos; en tu libro están inscritos los días que me has fijado, sin que aún exista el primero” Esa palabra “golem” no está en ninguna otra parte de la Biblia. No es fácil de traducir porque no hay palabra equivalente en nuestra lengua.

Cuando el texto es traducido al latín en la Vulgata, en los comienzos del cristianismo, se traducirá (tomando como referencia la Septuaginta) “mi imperfección…” (“inperfectum meum viderunt oculi tui”). La vida de ese embrión ya está en el libro de la vida , es decir, ya tiene un registro en el libro de los vivos (Malaquías 3, 16; Salmo 69, 28; Apocalipsis 20, 12) como todo ser humano, porque YA es un ser humano. Cuando la Biblia en ese versículo dice que Dios “ve” al ser en formación, lo hace con la terminología propia de cuando Dios como padre cuida de los suyos (como en Exodo 3, 7, cuando Dios le dice a Moisés que “ve” el sufrimiento de su pueblo y que por lo tanto va a hacer algo); en ese mismo Salmo consta que Dios nos “ve” en todo momento.

Los pro-abortistas podrán decir que el ser en el vientre no es “nada”, pero para Dios ya es una obra perfecta, exactamente como todo ser humano. Desde luego, la mención anterior no es aislada. Cuando, en los orígenes, Dios dice que hombre y mujer van a ser una sola carne (Gn 2, 24; este texto es citado por Jesús cuando reafirma que el matrimonio -expresamente heterosexual- es parte del plan de Dios, Mt 19, 4-6), no se refiere a una situación emotiva, sino a una realidad concreta: serán una sola carne en su descendencia, en lo hijos. Por eso dirá el profeta Malaquías, hablando de la santidad del matrimonio:

“¿No ha hecho Dios, de ambos, un solo ser que tiene carne y respira? Y este ser único, ¿qué busca sino una familia dada por Dios? No traiciones, pues, a la mujer de tu juventud.” (Ml 2, 13-14) Por lo tanto, no es solamente la familia la base del plan de Dios, sino que además los bebés -seres humanos espiritualmente completos desde el vientre- son el máximo resultado de dicho plan, por ello la maternidad es tan importante, y no en balde Dios advierte: “Pero, ¿puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues bien, aunque alguna lo olvidase, yo nunca me olvidaría de ti.” (Is 49, 15)

La vida humana tiene origen directo en Dios (Gn 2, 7), y el hombre y la mujer recibieron la bendición de transmitirla como en una nueva creación, tal es otro de los sentidos de “serán una sola carne”. El hecho de que el feto o embrión sean ya niños, lo prueba el Nuevo Testamento durante la visita de María a su prima Isabel. Allí se dice que Juan, en el vientre de su madre, daba saltos de alegría al oír el saludo de María (Lc 1, 41).

En el original griego, el término para niño aplicado a Juan el Bautista (brephos) es exactamente el mismo que se usa para Jesús recién nacido, y en efecto en Lc 1, 44 Isabel le cuenta a María que su hijo (su “brephos”) ha saltado de alegría. El mismo término es usado cuando, en Hechos de los Apóstoles, Esteban habla de los recién nacidos (brephos) dejados morir por el rey egipcio (Hch 7, 19), o por el autor de la primera carta de Pedro cuando dice:

“Como niños recién nacidos, busquen la leche no adulterada de la Palabra; gracias a ella crecerán y alcanzarán la plenitud.” (1 Pe 2,2).

Sorprende que los enemigos de Cristo quieren sostener que Dios da el “derecho a decidir” (a matar, llamemos las cosas por su nombre) cuando el arcángel Gabriel le dice a la Virgen María que tendrá un hijo, y ella “decide aceptar”, por lo que de allí concluyen que el aborto es aceptable. Más allá de la evidente falta de relación entre lo ocurrido y la conclusión, que no es bíblica para nada, debe advertirse que en el momento de la Anunciación María NO estaba embarazada (“Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo…” dice el arcángel Gabriel en Lc 1, 31; el término en griego está en tiempo futuro y modo indicativo). Pero volviendo a los Salmos, el niño en el vientre YA invoca a Dios: “Me entregaron a ti apenas nacido; tú eres mi Dios desde el seno materno.” (Sal 22, 11) Y dice Ezequiel, reafirmando que es Dios el dueño de la vida:

“Mirad: todas las vidas son mías, la vida del padre lo mismo que la del hijo, mías son” (Ez 17, 4)

Para finalizar, confirmemos lo que afirma la Biblia respecto de los hijos: “Un regalo del Señor son los hijos, recompensa, el fruto de las entrañas.” (Salmo 127, 3) El término utilizado en el original hebreo donde esta traducción dice “regalo”, se relaciona directamente con la terminología empleada para hablar de la herencia de Dios, entre la cual cabe destacar la tierra prometida. “La herencia de Yavé son los hijos…” dice, con razón,la Biblia de Jerusalén en ese mismo versículo. En el Nuevo Testamento, esa herencia alcanzará el Reino de los Cielos, de hecho, cuando en Lc 10, 25 unos hombres le preguntan a Jesús qué hay que hacer para alcanzar la vida eterna, en realidad le están preguntado lo que debe hacerse para “heredar” la vida eterna.

Finalmente, debe advertirse que en la Biblia el ser humano se trata como un todo, es decir, alma y cuerpo son en realidad un todo integrado, de modo siempre van juntos, no es que el alma venga después, como quisieran creer muchos pro-abortistas que se las dan de cristianos. En conclusión, los hijos hacen parte de la herencia divina de Dios, y son seres humanos completos desde el vientre materno. Pero hay algo más que decir. Ningún cristiano puede usar la violencia en contra de los abortistas, ni aún de los médicos que con sus propios manos voluntariamente se entregan a la muerte de bebés, como lamentablemente ha ocurrido ya. El castigo cada quien se lo busca ante Dios: “Hermanos, no se tomen la justicia por su cuenta, dejen que sea Dios quien castigue, como dice la Escritura: Mía es la venganza, yo daré lo que se merece, dice el Señor.” (Rm 12, 19) Pablo está citando Lv 19, 18 (ver también artículo “Violencia” en este site). Que el Señor de su merecido a cada uno, como consta además en Hb 10, 30, 31, porque la violencia es anticristiana

Cortesía de : “Toda teología es política” (Juan Bautista Metz, en “Dios y tiempo: Nueva teología política”)
http://www.cristianismoypolitica.com/

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